De qué se trata...

Invasión de la palabra es un espacio compartido de "Prácticas del Lenguaje" y "Literatura" de la Escuela del Alba. Aquí quedará registro de las producciones escritas que nuestros grupos de trabajo deseen publicar.
Esperamos que las disfruten...

lunes, 21 de marzo de 2016

Manos cansadas, Fermín Iturriaga

Venía ganando Fede. Íbamos 2 a 1 y quedaban 5 minutos del primero. Eran todas las jugadas igual. La tenía yo, estaba por llegar al arco y Fede me la sacaba. No me quedaban más jugadas por hacer, ya había intentado todo. X estaba hecho bolsa y L2 me estaba acalambrando el dedo. En ese momento, ya no sabía qué más hacer, y entonces, por suerte, terminó el primer tiempo. Fede estaba apurado por seguir jugando, entonces, estaba por saltar el entretiempo pero le pedí que no. Le pregunté si tenía hambre para poder matar el tiempo y que me dé un rato para pensar que hacer. -Está bien, vamos, ¿que tenés para comer?- me dijo. -Galletitas, o si no tostadas- le contesté, -¿Oreos o Toddy's?- me preguntó, -Oreos, las que te gustan-. Mientras le contestaba todo eso, mi cabeza pensaba solamente y nada más en cómo hacer otro gol. Entonces me acordé. La semana pasada, había estado en la casa de mi primo y me enseñó una maniobra nueva: L2, L1 y X a la vez. Se terminó el descanso y nos sentamos de nuevo. Últimos 45 minutos que en realidad eran 15. Éste salió, entró Messi y empezamos. Pasaron los primeros 5 minutos y nada. Quería dejar lo mejor para el final, pero ya se estaba acercando. Minuto 40, aprieto bien fuerte ◻ y la pelota salió como un cohete del arco. La agarro un jugador de Fede, pero rápidamente se la saqué. Me estaba acercando al área y entonces prepare los dedos. Se acercaba el momento. Minuto 44. L1, L2, X y... ADENTRO! Mi cuerpo  saltó por si solo del sillon, perdí el control, se me calló al piso, pero no importaba, estaba muy contento. Íbamos empatados pero igual la alegría invadió mi cuerpo completamente. -Bien jugado, igual fue un empate- me dice Fede, pero ni le preste atención. Luego del gol, apreté algunos botones para que el goleador hiciera algún festejo.
Jugué algunos partidos más con Fede y después de un rato se fue, tenía recuperatorio de Lengua al día siguiente y no había estudiado. No me daban más las manos, había gastado más el control ese día que cualquier otro.
Eran al rededor de las 7, cuando llegó mi papá. Le conté todo el transcurso del partido con lujo de detalle, pero en el momento en que le dije que las que estaban cansadas eran mis manos y no mís pies, su cara se tornó de contenta y atenta a triste y desconcertada. En ese momento me quitó la vista y miró hacia afuera. Allí, había dos arcos, antes blancos, ahora todos oxidados, y una canchita, anteriormente prolija y ahora con el pasto largo y lleno de regalitos del perro.
No entendía qué le pasaba, pero luego comprendí. Esa tan grande pasión, que antes vivíamos en persona, ahora se da en un simple juego. Eso, fue lo que decepcionó a mi papá.

Fermín Iturriaga