Venía ganando Fede. Íbamos 2 a 1 y quedaban 5 minutos del primero. Eran
todas las jugadas igual. La tenía yo, estaba por llegar al arco y Fede
me la sacaba. No me quedaban más jugadas por hacer, ya había intentado
todo. X estaba hecho bolsa y L2 me estaba acalambrando el dedo. En ese
momento, ya no sabía qué más hacer, y entonces, por suerte, terminó el
primer tiempo. Fede estaba apurado por seguir jugando, entonces, estaba
por saltar el entretiempo pero le pedí que no. Le pregunté si tenía
hambre para poder matar el tiempo y que me dé un rato para pensar que hacer.
-Está bien, vamos, ¿que tenés para comer?- me dijo. -Galletitas, o si no
tostadas- le contesté, -¿Oreos o Toddy's?- me preguntó, -Oreos, las que
te gustan-. Mientras le contestaba todo eso, mi cabeza pensaba
solamente y nada más en cómo hacer otro gol. Entonces me acordé. La
semana pasada, había estado en la casa de mi primo y me enseñó una
maniobra nueva: L2, L1 y X a la vez. Se terminó el descanso y nos
sentamos de nuevo. Últimos 45 minutos que en realidad eran 15. Éste
salió, entró Messi y empezamos. Pasaron los primeros 5 minutos y nada.
Quería dejar lo mejor para el final, pero ya se estaba acercando. Minuto
40, aprieto bien fuerte ◻ y la pelota salió como un cohete del arco. La
agarro un jugador de Fede, pero rápidamente se la saqué. Me estaba
acercando al área y entonces prepare los dedos. Se acercaba el momento.
Minuto 44. L1, L2, X y... ADENTRO! Mi cuerpo saltó por si solo del
sillon, perdí el control, se me calló al piso, pero no importaba, estaba
muy contento. Íbamos empatados pero igual la alegría invadió mi cuerpo
completamente. -Bien jugado, igual fue un empate- me dice Fede, pero ni
le preste atención. Luego del gol, apreté algunos botones para que el
goleador hiciera algún festejo.
Jugué algunos partidos más con Fede y después de un rato se fue, tenía
recuperatorio de Lengua al día siguiente y no había estudiado. No me
daban más las manos, había gastado más el control ese día que cualquier
otro.
Eran al rededor de las 7, cuando llegó mi papá. Le conté todo el
transcurso del partido con lujo de detalle, pero en el momento en que le
dije que las que estaban cansadas eran mis manos y no mís pies, su cara
se tornó de contenta y atenta a triste y desconcertada. En ese momento
me quitó la vista y miró hacia afuera. Allí, había dos arcos, antes
blancos, ahora todos oxidados, y una canchita, anteriormente prolija y
ahora con el pasto largo y lleno de regalitos del perro.
No entendía qué le pasaba, pero luego comprendí. Esa tan grande pasión,
que antes vivíamos en persona, ahora se da en un simple juego. Eso, fue
lo que decepcionó a mi papá.
Fermín Iturriaga
No hay comentarios:
Publicar un comentario