En un pueblo no muy conocido, al sur de Italia, en una
tarde muy soleada pero a la vez fría, una chica llamada Lucía quería
salir de su oscura y aburrida casa para conocer el mundo donde vivía.
Su madre no estaba de acuerdo ya que quería protegerla de las malas personas.
Entonces, muy enojada, rompió un espejo que su mamá
apreciaba mucho ya que lo había heredado de su abuela quien era bruja.
Este objeto tenía una maldición de 7 años. Fue por eso que su mamá la
echó de la casa para que la maldición no la afectara.
Lucía, sin saber a dónde ir se encontró con un peluquero llamado Pedro.
- Buenos días, señor.- dijo Lucia.
- Buenos días, joven.- respondió Pedro- ¿qué necesita?.
- Tendrá usted algún lugar para hospedarme está noche?
- Si, por supuesto, pasá.- Pedro la llevó a la habitación.
Lucía no tardó en dormirse, y fue entonces cuando Pedro la
peino con su peine el cual le quitó la maldición del espejo sin que ella
se diera cuenta. El conocía a Lucía sin que ella supiera y fue por eso
que la salvó.
Ella nunca pudo agradecerle, pero vivió feliz.
Ella nunca pudo agradecerle, pero vivió feliz.
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