En el océano azul, el sol se escondía detrás de él. Los días terminarán muy sutilmente. La claridad disminuía lentamente. Me empezaba a sentir sola, reflexionaba, pensaba.
Por un momento creí que mi vida podía cambiar, podía dejar de ser un cril y dije: ¿por que no puedo ser un pez espada? Entonces empecé a imaginar mi vida como uno y prometí cumplirlo. Comencé a moverme de lado a lado buscando una respuesta y de repente las gotas anunciaron una tormenta, el océano se enfureció, poniéndose inquieto y comenzando a maltratarme. Se detuvo la tormenta, pero ya no estaba en mi casa, estaba pérdida y desorientada.
Carmen reaccionó y se presentó. Me dio la bienvenida a su comunidad. Empecé a mirar a mi alrededor y vi que todos eran peces, pero no peces cualquiera sino peces espada. Todos reían y jugaban, me invitaron a pasar al palacio del rey. Había un banquete enorme y sabroso.
Repentinamente el reloj dio las doce, sonó el despertador y me di cuenta de que todo eso era sólo un simple sueño, que era una soñada mañana de domingo, con pajaritos que cantaban, se escuchaban niños jugando afuera y se sentía una leve brisa entrando por la ventana. Ya era septiembre. Me encontraba sola y confundida, por el sueño, volví a cerrar los ojos y decidí quedarme en el tiempo.
Maitena Marré
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