La moneda giraba por la calle luego de que al verdulero se le resbalara de aquel estrecho bolsillo. Por aquella misma calle se
encontraba un hombre llamado Tragedia, sin ningún rumbo. Del otro lado,
caminaba esa mujer con la cual todo hombre soñaba estar, Comedia. Estos
eran completamente diferentes, pero ese día se volverían iguales.
Cuando los dos rozaron sus manos para alcanzar la moneda se miraron
fijamente hasta sentir las diferencias entre ellos. Luego de un
instante, Comedia decidió hablar:
- Que situación confusa.
- Nunca experimenté este sentimiento con alguien tan distinto a mí- respondió Tragedia.
A la noche, cuando Tragedia comediaba en su casa lo sucedido aquella
tarde, decidió despejarse e ir al teatro donde pudo expresar sus
sentimientos a pesar de que eran tristes. En el mismo se encontraba
Comedia que también necesitaba despejarse.
Tragedia entró, vio el escenario y recuerdó sus momentos felices allí.
Por otro lado, entró Comedia y recordó sus tristes momentos .
Sin pensar el subió al escenario y comenzó a llorar, Comedia al verlo
subió al lado suyo y sin saber qué hacer comenzó a improvisar. Tragedia
al ver la situación, iluminó su rostro con una enorme y bella sonrisa. A
partir de ese momento se convirtieron en los principales personajes del
teatro, se enamoraron y siempre actuaron juntos, recordando aquella
moneda.
De qué se trata...
Invasión de la palabra es un espacio compartido de "Prácticas del Lenguaje" y "Literatura" de la Escuela del Alba. Aquí quedará registro de las producciones escritas que nuestros grupos de trabajo deseen publicar.
Esperamos que las disfruten...
martes, 20 de septiembre de 2016
Discusión
Un día llegué a mi casa y en el lavadero encontré al peine de mi mamá y un broche discutiendo sobre quién era más útil.
-Yo hago que la gente se vea más linda cuando tiene que ir algun lado. ¿Vos en cambio qué hacés?
-Yo sostengo la ropa para que se seque y la gente vaya bien vestido a todos lados, si no fuera por mí, todos andarían con la ropa mojada.
Traté de separarlos y explicarles que era una dicusión sin sentido porque ambos eran de igual importancia, de todas formas ninguno escuchó. De a poco fueron llegando más objetos que se unieron a la discusiónm
-Yo soy el cepillo de dientes y concuerdo con el peine, sin él todos irían desprolijos.
-Sí, pero sin los ganchos se volaría la ropa dijo el jabón.
Yo no sabía qué hacer, pero luego de unos momentos grité.
-Cálmense, todos son importantes, cada uno tiene una función distinta, pero no quiere deducir que unos sean más importantes que otros.
Entonces logré disuadirlos y cada uno fue a hacer su trabajo.
-Yo hago que la gente se vea más linda cuando tiene que ir algun lado. ¿Vos en cambio qué hacés?
-Yo sostengo la ropa para que se seque y la gente vaya bien vestido a todos lados, si no fuera por mí, todos andarían con la ropa mojada.
Traté de separarlos y explicarles que era una dicusión sin sentido porque ambos eran de igual importancia, de todas formas ninguno escuchó. De a poco fueron llegando más objetos que se unieron a la discusiónm
-Yo soy el cepillo de dientes y concuerdo con el peine, sin él todos irían desprolijos.
-Sí, pero sin los ganchos se volaría la ropa dijo el jabón.
Yo no sabía qué hacer, pero luego de unos momentos grité.
-Cálmense, todos son importantes, cada uno tiene una función distinta, pero no quiere deducir que unos sean más importantes que otros.
Entonces logré disuadirlos y cada uno fue a hacer su trabajo.
Grupo: Jorge Luis Borges, en la Maratón de Lectura.
El día que se incendió mi casa.
Las llamas ardían a mi al rededor y se oían gritos por todas partes. Me levanté, no sabía qué hacer, no podía ayudarlos entonces decidí huir.
Estaba muy arrepentido. Al otro día me enteré de que toda mi familia había muerto.
Entonces decidí quirarme la vida. Me dirigía hacia el lago, cuando escuché una voz y de repente apareció un reloj en el suelo. Al instante, supe lo que tenía que hacer.
Retrasé el reloj hasta el día anterior y aparecí en mi casa antes de quemarse. Al hacer eso mi familia sobrevivió y fuimos felices.
Manuel Lalia
Agustín Litwin
Mateo Yarza
Valentino Bergameschino
Joaquin Martino
Candelaria Flores
Francisca Agrasar
Juana Gutiérrez
La maldición y el peine mágico
En un pueblo no muy conocido, al sur de Italia, en una
tarde muy soleada pero a la vez fría, una chica llamada Lucía quería
salir de su oscura y aburrida casa para conocer el mundo donde vivía.
Su madre no estaba de acuerdo ya que quería protegerla de las malas personas.
Entonces, muy enojada, rompió un espejo que su mamá
apreciaba mucho ya que lo había heredado de su abuela quien era bruja.
Este objeto tenía una maldición de 7 años. Fue por eso que su mamá la
echó de la casa para que la maldición no la afectara.
Lucía, sin saber a dónde ir se encontró con un peluquero llamado Pedro.
- Buenos días, señor.- dijo Lucia.
- Buenos días, joven.- respondió Pedro- ¿qué necesita?.
- Tendrá usted algún lugar para hospedarme está noche?
- Si, por supuesto, pasá.- Pedro la llevó a la habitación.
Lucía no tardó en dormirse, y fue entonces cuando Pedro la
peino con su peine el cual le quitó la maldición del espejo sin que ella
se diera cuenta. El conocía a Lucía sin que ella supiera y fue por eso
que la salvó.
Ella nunca pudo agradecerle, pero vivió feliz.
Ella nunca pudo agradecerle, pero vivió feliz.
El Libro
Era una tarde soleada y calurosa de principios de noviembre, perfecto para lengua, pensaba la maestra Georgina.
-Hoy es el cumpleaños de Tyrone, Carlos y Juan Manuel, los trillizos. Hemos decidido regalarles un libro de cuentos.
Era un libro mágico. Entraron en el libro. Encontraron un avión. Salieron. Volvieron a la escuela y contaron su historia.
lunes, 21 de marzo de 2016
Manos cansadas, Fermín Iturriaga
Venía ganando Fede. Íbamos 2 a 1 y quedaban 5 minutos del primero. Eran
todas las jugadas igual. La tenía yo, estaba por llegar al arco y Fede
me la sacaba. No me quedaban más jugadas por hacer, ya había intentado
todo. X estaba hecho bolsa y L2 me estaba acalambrando el dedo. En ese
momento, ya no sabía qué más hacer, y entonces, por suerte, terminó el
primer tiempo. Fede estaba apurado por seguir jugando, entonces, estaba
por saltar el entretiempo pero le pedí que no. Le pregunté si tenía
hambre para poder matar el tiempo y que me dé un rato para pensar que hacer.
-Está bien, vamos, ¿que tenés para comer?- me dijo. -Galletitas, o si no
tostadas- le contesté, -¿Oreos o Toddy's?- me preguntó, -Oreos, las que
te gustan-. Mientras le contestaba todo eso, mi cabeza pensaba
solamente y nada más en cómo hacer otro gol. Entonces me acordé. La
semana pasada, había estado en la casa de mi primo y me enseñó una
maniobra nueva: L2, L1 y X a la vez. Se terminó el descanso y nos
sentamos de nuevo. Últimos 45 minutos que en realidad eran 15. Éste
salió, entró Messi y empezamos. Pasaron los primeros 5 minutos y nada.
Quería dejar lo mejor para el final, pero ya se estaba acercando. Minuto
40, aprieto bien fuerte ◻ y la pelota salió como un cohete del arco. La
agarro un jugador de Fede, pero rápidamente se la saqué. Me estaba
acercando al área y entonces prepare los dedos. Se acercaba el momento.
Minuto 44. L1, L2, X y... ADENTRO! Mi cuerpo saltó por si solo del
sillon, perdí el control, se me calló al piso, pero no importaba, estaba
muy contento. Íbamos empatados pero igual la alegría invadió mi cuerpo
completamente. -Bien jugado, igual fue un empate- me dice Fede, pero ni
le preste atención. Luego del gol, apreté algunos botones para que el
goleador hiciera algún festejo.
Jugué algunos partidos más con Fede y después de un rato se fue, tenía recuperatorio de Lengua al día siguiente y no había estudiado. No me daban más las manos, había gastado más el control ese día que cualquier otro.
Eran al rededor de las 7, cuando llegó mi papá. Le conté todo el transcurso del partido con lujo de detalle, pero en el momento en que le dije que las que estaban cansadas eran mis manos y no mís pies, su cara se tornó de contenta y atenta a triste y desconcertada. En ese momento me quitó la vista y miró hacia afuera. Allí, había dos arcos, antes blancos, ahora todos oxidados, y una canchita, anteriormente prolija y ahora con el pasto largo y lleno de regalitos del perro.
No entendía qué le pasaba, pero luego comprendí. Esa tan grande pasión, que antes vivíamos en persona, ahora se da en un simple juego. Eso, fue lo que decepcionó a mi papá.
Fermín Iturriaga
Jugué algunos partidos más con Fede y después de un rato se fue, tenía recuperatorio de Lengua al día siguiente y no había estudiado. No me daban más las manos, había gastado más el control ese día que cualquier otro.
Eran al rededor de las 7, cuando llegó mi papá. Le conté todo el transcurso del partido con lujo de detalle, pero en el momento en que le dije que las que estaban cansadas eran mis manos y no mís pies, su cara se tornó de contenta y atenta a triste y desconcertada. En ese momento me quitó la vista y miró hacia afuera. Allí, había dos arcos, antes blancos, ahora todos oxidados, y una canchita, anteriormente prolija y ahora con el pasto largo y lleno de regalitos del perro.
No entendía qué le pasaba, pero luego comprendí. Esa tan grande pasión, que antes vivíamos en persona, ahora se da en un simple juego. Eso, fue lo que decepcionó a mi papá.
Fermín Iturriaga
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