De qué se trata...

Invasión de la palabra es un espacio compartido de "Prácticas del Lenguaje" y "Literatura" de la Escuela del Alba. Aquí quedará registro de las producciones escritas que nuestros grupos de trabajo deseen publicar.
Esperamos que las disfruten...

martes, 19 de agosto de 2014

EL joven de las manos sanadoras, de María Florencia Lorenzo

Había una vez un rey llamado Lino que cierto día se enamoró  de una ninfa llamada Acriasta. Pero esta, aturdida por todo el lujo y las  pretensiones reales, decide escapar. El monarca, entonces,  juró vengarse quitándole todo aquello que ella mas amara. Así fue como Lino decidió consultar al oráculo:
-¡A todos  los dioses  del Olimpo!- gritó al cielo-Necesito su respuesta: ¿Qué es lo que Acriasta más ama?-
                El oráculo le responde con un enigma: lo que ella más ama es algo verdoso, con cinco ramificaciones, que implica su salvación.
                El rey, convencido de que se trataba del bosque, ordena su inmediata desaparición. Pero Hera, conociendo las intenciones de Lino decidió involucrarse en el asunto.
                Acriasta tuvo un hijo al que llamó Verisón. Cierto día, Acriasta, advirtió alarmada, que había varios hombres cuya intención era hacer desaparecer el bosque, su hogar. Los hombres empezaron por dañar un árbol, luego dos, y continuaban cuando Acriasta tomó una decisión drástica. Tomó a su pequeño hijo en brazos y dijo:
-Hijo, yo debo partir. No puedo dejar que estos hombres me encuentren. Pero no tengo el valor para separarte de tu hogar. ¡¿Qué haremos?!-
                Entonces Hera, conmovida por la situación, decidió ayudar a Acriasta.
-Es cierto que debes huir. Pero no olvides nunca a tu hijo. Él será tu salvación. Él permitirá que tú regreses al bosque.  El niño, con sus manos, será capaz de sanar los árboles, de revertir los estragos que Lino está causando en  el bosque por venganza.-
                La diosa tocó las manos de Verisón y se vuelven  de un oscuro tono verdoso. La ninfa contenta exclama: -¡Oh! Querido hijo… Tú eres mi salvación. Desde ahora estarás bajo el cuidado de las delicadas manos de una de las diosas del Olimpo. –Acriasta besó las manos de su niño y huyó corriendo.
                Pasaron los años, y el bosque era cada vez más pequeño. Verisón pronto  creció y comenzó a sentirse curioso acerca de la ciudad. Entonces, hacia allí  se dirigió, instalándose en una humilde cabaña. Sus extrañas manos impresionaban a sus pares, pero pronto hizo amigos. Allí, era más feliz que nunca.
                Un día, mientras Verisón caminaba, un hombre cayó de un árbol. Su herida era grande y el hombre daba gritos de profundo dolor. Entonces, Verisón se acercó y cubrió su herida con la mano mientras improvisaba una venda con su ropa. Cuando terminó la venda y quitó su mano, quedo estupefacto. ¡La herida había desaparecido! Entonces el hombre exclamó:
-Tú, hombre de las manos sanadoras, ¿cuál es tu nombre?-
 A lo que Verisón contestó: -Mi nombre es Verisón-
-¡Oh, gran Verisón! ¡Gracias a los dioses! ¡Eres un héroe!- Verisón se sentía orgulloso, a la vez que se sentía confundido por los hechos. El hombre continuó.
-Desde ahora vivirás conmigo, en mi palacio. ¡Desde ahora seré inmortal! ¡Ni los mismos dioses podrán superarme!- Pues el hombre era Lino y lo que dijo se cumplió.
                Los dioses, como es de esperarse, se enfadaron y se vengaron del rey, pues no tolerarían semejante atropello y desafío a su autoridad. Provocaron, entonces, que Lino perdiera su tan preciada juventud. Cierto día al despertar, notó con cierto horror que se veía como una persona anciana. Pero no se preocupó. Sabía que su héroe sanador, pues todos así lo consideraban, estaría allí para solucionarlo todo. Pero no fue así. Durante la noche, Verisón había escapado, igual que su madre, también cansado de las pretensiones de la realeza. Así fue como el rey recuperó nuevamente su sed de venganza.
                Verisón corrió por el bosque sintiéndose libre otra vez, hasta que notó que había varios árboles con varias heridas, tan grandes como las del rey. Entonces, sin saber que fueron causadas por el rey, apoyó sus manos sobre uno de ellos y sanó. Pero esta vez de una manera diferente. Al remover su mano, había dejado sobre la corteza de la planta un parche verdoso, húmedo que cubría la herida. Así surgieron los musgos y líquenes que hoy cubren la mayoría de los árboles. Así fue como aquel joven niño con manos sanadoras, recuperó el bosque y permitió que su madre regrese al bosque, tal como dijo el oráculo.
                Pero la historia no termina allí. El rey, furioso, ordena que se le traiga al menos una mano del  joven. Los soldados fueron al bosque y se la llevaron al rey. Cuando el monarca la acercó a su rostro, en la mano crecieron espinas. El rey gritó de dolor y tiró la mano por la ventana. Esta se arraigó al suelo y cubrió todo el bello jardín del  palacio, dando  origen a los actuales cardos. Ni los sirvientes, los cocineros, los discípulos, ni el mismo rey, pudieron volver a salir del palacio, por lo que el  soberano murió allí encerrado.
                Verisón era feliz otra vez. Aunque ya no era un héroe para las personas del pueblo, lo era para los dioses y su hogar, el bosque, que se lo agradeció eternamente.   

Relatos creativos, extraños, imperdibles, de Dina Dusio.

Azúcar
Esa cosa blanca que nos cambia todos los gustos. A veces se mete, en cualquier lugar solo para, nuevamente, hacer cambiar gustos. Otras veces son las bolitas negras con patitas que se meten adentro de esta. Las hormigas. Ellas, se ponen de acuerdo y arman una pirámide negra, cuando así nacen las manos del azúcar. Y allí vienen las famas, a darles la mano, saludando, para ser educado y no quedar mal con nadie.
 
Se fugaron
Pañuelos, algo liso, plano, que se mueve y tiene infinitos usos. Acercarse a la nariz y ser invadidos, o tal vez a los ojos y ser inundados. O por qué no a las manos y ser acariciados. Sirven de gran contención. Pero un día un pañuelo, acompañado por una esperanza, encontró a una lata. Se fugaron. Y ahí fue cuando las esperanzas compraban latas y pañuelos.
 
Cronopios
Ellos vuelan. No como las famas, en avión. Sino en imaginación. Vuelan. Tan alto, tan alto, que a veces vuelan bajo. Tan alto que un día el sol les tocaba los pies. Tan alto.
 
Secreto impaciente
Fama. Tan seria y callada. ¿Será porque tiene de qué ocuparse? O será que piensa mucho en sus cosas, solo en SUS cosas. Cuando de generosa pasa a egoísta. Un día, todas sus cosas tuvieron que salir, para dejar entrar a un secreto. Salieron. Apuradas porque el secreto no esperaba. Salieron. Así, encontraron al fama, este gritaba para ocultar su secreto.
 
Una vez
El cronopio. Cuando un segundo, al minuto, de la hora, del a día, de la semana, del mes, del año. Se le ocurre. No piensa estar solo. Solamente quiere caramelos. Fue, compró. Pero la fama tan trabajadora se enojó, gritó, abrió el frasco, el grito entró y de esa manera guardó las palabras en el frasco de caramelos.
 
Ella
Como todos los días hice lo que todos los días hago, simplemente eso. Caminé, comí, dormí… pero hoy justo hoy algo más pasó. Sentí todo el tiempo que algo me copiaba, no después que yo, sino al mismo tiempo. Corría cortinas y sentía que hacía la mitad de la fuerza que hacía siempre. Raro. Fui a la pieza de mis padres, me miré al espejo. Ella. 

martes, 12 de agosto de 2014

El cuarto oscuro, de Guadalupe Sánchez Croce

 Cansado de buscar a los chicos en esa habitación enorme y con infinitos huecos y lugares para esconderse, de tocar todos y cada uno de los objetos y rincones dentro del cuarto de la criada de los Suárez, de forzar la vista e intentar ver mas allá de la oscuridad, de no encontrar a ninguno de sus amigos, se atrevió el niño a volver a ser el que busca y no encuentra. Prendió la luz de la habitación. Perdió el juego.
   Su sorpresa fue tal que se paralizó unos momentos. Ojeó todo el cuarto sonriendo para que sus amigos "escondidos" que lo estaban "observando" creyeran que él los había descubierto. Pero eso no funcionó. Nadie apareció.
   El pobre niño estaba asustado y desconcertado. Buscó por toda la casa a los chicos. Pensando que todo era una broma.
   No había nadie.
   La casa estaba vacía. O eso creía el niño.
   Desesperado buscó a la criada. A sus padres. Hasta a su perro. Claramente era el único en la casa. Vivo.
   Sin otra opción, volvió a la habitación. Se acostó. Esperando que todo fuese un sueño. Sintió llover. Cayó una gota. Era roja. Miró arriba. Encontró a sus amigos

La escultura, de Paloma Luengo

 Una joven se propuso comenzar a trabajar. Casualmente leyó en el diario un aviso para organizadora en el viejo museo de Artes.
Se acercó hasta el museo y, metros antes de entrar vio a una mujer que le advirtió que se arrepentiría de entrar allí.
Como los postulantes para el puesto no abundaban, la joven comenzó de inmediato. Se le había encargado la limpieza de un viejo salón lleno de viejas pinturas.
     Entre todos los polvorientos bastidores encontró la escultura de una mujer. Esta mujer tenía un tenebroso parecido a la mujer que se había encontrado en la puerta del museo. Mientras la joven la miraba detenidamente esta dijo " Yo te lo advertí". Y una ráfaga de viento cerró la puerta.

La llamada, un relato fantástico de Martina Lacentre Briones

 Era la noche del sábado 3 de agosto. Me levanté a mirar el oscuro cielo, había tormenta y hacía frío. 
    Tenía que hacer muchas cosas, una de ellas era llamar a Matilda, no me caía bien, y le había prestado unos libros que necesitaba y me tenía que devolver hacía 4 días y me iba a ofrecer para ir a buscarlos.
    Levanté el teléfono y marqué el número. Apenas escuché un "hola" cuando ....BRUM!!!.... todo se volvió negro.
    Abrí los ojos, era de día, no hacía frío, pero me dolía la cabeza y supuse que tenía fiebre.
    Me levanté del piso, me dolía todo el cuerpo y no sabía donde estaba. Lo único que pude reconocer de aquella casa, eran mis libros.
    Corrí y corrí hasta que llegué a un baño. Me miré al espejo y quedé inmóvil. No entendía como había ocurrido, pensé que me había vuelto loca.
    Fue ahí cuando tocaron la puerta, fui a atender, y comprendí, yo era ella y ella era yo, que esperaba afuera.

¿Por qué las luciérnagas tienen luz?, por Martina Lacentre Briones

    Hace mucho tiempo en la ciudad de Tebas, vivía la princesa Ismene, hija de Edipo, y reinaba su tío Creonte.
    Un día, cuando ella salió a caminar por la ciudad conoció al joven campesino más hermoso del lugar y se enamoraron.
    Su amor atrajo los celos de Artemisa, la diosa de la naturaleza, que también se había enamorado del joven valiente y generoso.
    Cierto día, el campesino llamado Patroclo fue a consultar un oráculo quien le advirtió en forma de acertijo, que iluminaría la tierra todas las noches hasta el fin de sus días.
    El joven no comprendió la predicción  y desinteresado siguió su camino.
    Al año siguiente Artemisa le confesó su amor a Patroclo quien lo rechazó. Fue entonces que en el casamiento de la princesa y el campesino, la diosa decidió vengarse y pensaba que si ella no tenía al campesino, nadie lo podía tener, así que los convirtió a los dos en una nueva clase de insecto y los separó muy lejos.
    Patroclo descubrió un gran don, podía hacer iluminar su abdomen. Fue allí donde comprendió su oráculo y para buscar a su amada, todas las noches se prendía y se apagaba con esperanza de reencontrarse algún día.

"Donde Delfos asoma", un mito de Sabrina Samboña

  Todo era tranquilidad y frescura en aquel lugar. El canto de los pájaros acariciaba los oídos de Delfos. El verdor de los árboles contrastaba con las altas montañas, que imponían fortaleza, y con el lago, que brindaba serenidad.
    En la inmensidad del paisaje se encontraba Delfos, un joven valiente, robusto, con una melena rubia que le llegaba a los hombros. Era el hijo de Zeus y una doncella llamada Athina. Había heredado la fortaleza de su padre  y la belleza de su madre. Todo lo que cualquiera pudiera desear.
    En el Olimpo, el dios Apolo vigilaba de cerca a Delfos, maldiciendo su existencia. Este odio había surgido por un antiguo conflicto amoroso con Athina, quien había elegido el amor de Zeus. Por eso, en venganza, decidió acabar con su hijo.
    Cierto día, en el que el otoño vestía la tarde de rojo y ocre, Delfos caminaba lentamente cuando de repente, escuchó el grito desgarrador de un niño. Cuando se acercó al sitio del cual éste provenía, descubrió a un pequeño rodeado por animales salvajes. Rápidamente, sacó su espada y los enfrentó, derrotándolos a todos. Volviéndose sobre el niño, notó que había muchas personas aplaudiendo enfóricamente ese acto de valentía.
    Este hecho provocó furia y envidia que crecía cada vez más en Apolo. Entonces, convencido de su superioridad sobre Delfos, le propuso un desafío. Apolo citó al joven y le dijo que una peste caería sobre toda la población griega.
-¡No lo permitiré!- Gritó Delfos.
-¡Ja! ¡Tú no puedes impedirlo! Yo soy superior y tengo poderes- Respondió el dios, con una sonrisa burlona en su rostro.
-Lo único que puede impedir la muerte de miles de inocentes es un agua sanadora que se encuentra en el punto más alto de la montaña Athos- Dijo Apolo.
    Mientras la peste cobraba vida en la población, Delfos pensaba y pensaba en una posible solución. La montaña Athos se encontraba lejos de allí, en un despoblado. Por eso, recurrió a su padre por consejos. Éste  le dijo:
-Hijo mío, todavía hay varias cosas que debes aprender. Un verdadero héroe no requiere de magia ni habilidades especiales, sino de sus cualidades y virtudes que lo llevarán a lograr sus objetivos.
    Impulsado por el consejo de su padre y decidido a luchar por el bien del pueblo, se dirigió al despoblado donde se encontraba la montaña Athos. Debió enfrentarse a varios peligros, como tormentas, animales salvajes, nevadas y fuertes vientos, superándolos exitosamente gracias a su valentía, fortaleza y la ayuda de su espada.
    Regresó victorioso a su ciudad natal y utilizó el agua bendita para curar a las víctimas de la peste. Todos los pobladores le agradecieron y el rey (que también había sido víctima de Apolo) le cedió su trono. Sin embargo, Delfos se negó y se dirigió al lugar donde había encontrado el agua sanadora ya que lo consideraba sagrado. Su intención era construir una ciudad en aquella despoblada zona. Los pobladores, fieles a su salvador, lo acompañaron en su viaje.
    Mientras la ciudad "Delfos" empezaba a crecer, Apolo sufría el castigo impuesto por Zeus por su envidia y codicia.

UN SUEÑO HECHO REALIDAD, de Manuela Castañón. 2° SB

Un día de verano, Juan invita a sus dos mejores amigos a andar en bici por el bosque. Cayó el sol. El bosque se puso frío y tenebroso, los chicos tenían miedo.. Un señor apareció. Les dijo que los llevaría al centro de la ciudad. Pero era mentira.
A la mañana siguiente, las madres de los tres chicos los salieron a buscar al bosque. Vieron las bicis tiradas. Apareció el señor. Las mató. Las metió en un pozo junto a los tres chicos.
De repente, Juan siente un pellizcón en el brazo. Se levanta. Mira el reloj. Día 9 de Julio, 11 am. Todo habia sido un sueño. Va al bosque a andar en bici con su amigos. 
Pasaron las semanas y después de largas investigaciones, anuncian en la radio que en el bosque de la ciudad de Chacabuco aparecieron tres niños y tres mujeres. Muertas. Dentro de un pozo.