Cansado de buscar a los chicos en esa habitación enorme y con infinitos huecos y lugares para esconderse, de tocar todos y cada uno de los objetos y rincones dentro del cuarto de la criada de los Suárez, de forzar la vista e intentar ver mas allá de la oscuridad, de no encontrar a ninguno de sus amigos, se atrevió el niño a volver a ser el que busca y no encuentra. Prendió la luz de la habitación. Perdió el juego.
Su sorpresa fue tal que se paralizó unos momentos. Ojeó todo el cuarto sonriendo para que sus amigos "escondidos" que lo estaban "observando" creyeran que él los había descubierto. Pero eso no funcionó. Nadie apareció.
El pobre niño estaba asustado y desconcertado. Buscó por toda la casa a los chicos. Pensando que todo era una broma.
No había nadie.
La casa estaba vacía. O eso creía el niño.
Desesperado buscó a la criada. A sus padres. Hasta a su perro. Claramente era el único en la casa. Vivo.
Sin otra opción, volvió a la habitación. Se acostó. Esperando que todo fuese un sueño. Sintió llover. Cayó una gota. Era roja. Miró arriba. Encontró a sus amigos
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