Hace mucho tiempo en la ciudad de Tebas, vivía la princesa Ismene, hija de Edipo, y reinaba su tío Creonte.
Un día, cuando ella salió a caminar por la ciudad conoció al joven campesino más hermoso del lugar y se enamoraron.
Su amor atrajo los celos de Artemisa, la diosa de la naturaleza, que también se había enamorado del joven valiente y generoso.
Cierto día, el campesino llamado Patroclo fue a consultar un oráculo quien le advirtió en forma de acertijo, que iluminaría la tierra todas las noches hasta el fin de sus días.
El joven no comprendió la predicción y desinteresado siguió su camino.
Al año siguiente Artemisa le confesó su amor a Patroclo quien lo rechazó. Fue entonces que en el casamiento de la princesa y el campesino, la diosa decidió vengarse y pensaba que si ella no tenía al campesino, nadie lo podía tener, así que los convirtió a los dos en una nueva clase de insecto y los separó muy lejos.
Patroclo descubrió un gran don, podía hacer iluminar su abdomen. Fue allí donde comprendió su oráculo y para buscar a su amada, todas las noches se prendía y se apagaba con esperanza de reencontrarse algún día.
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