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Invasión de la palabra es un espacio compartido de "Prácticas del Lenguaje" y "Literatura" de la Escuela del Alba. Aquí quedará registro de las producciones escritas que nuestros grupos de trabajo deseen publicar.
Esperamos que las disfruten...

martes, 12 de agosto de 2014

"Donde Delfos asoma", un mito de Sabrina Samboña

  Todo era tranquilidad y frescura en aquel lugar. El canto de los pájaros acariciaba los oídos de Delfos. El verdor de los árboles contrastaba con las altas montañas, que imponían fortaleza, y con el lago, que brindaba serenidad.
    En la inmensidad del paisaje se encontraba Delfos, un joven valiente, robusto, con una melena rubia que le llegaba a los hombros. Era el hijo de Zeus y una doncella llamada Athina. Había heredado la fortaleza de su padre  y la belleza de su madre. Todo lo que cualquiera pudiera desear.
    En el Olimpo, el dios Apolo vigilaba de cerca a Delfos, maldiciendo su existencia. Este odio había surgido por un antiguo conflicto amoroso con Athina, quien había elegido el amor de Zeus. Por eso, en venganza, decidió acabar con su hijo.
    Cierto día, en el que el otoño vestía la tarde de rojo y ocre, Delfos caminaba lentamente cuando de repente, escuchó el grito desgarrador de un niño. Cuando se acercó al sitio del cual éste provenía, descubrió a un pequeño rodeado por animales salvajes. Rápidamente, sacó su espada y los enfrentó, derrotándolos a todos. Volviéndose sobre el niño, notó que había muchas personas aplaudiendo enfóricamente ese acto de valentía.
    Este hecho provocó furia y envidia que crecía cada vez más en Apolo. Entonces, convencido de su superioridad sobre Delfos, le propuso un desafío. Apolo citó al joven y le dijo que una peste caería sobre toda la población griega.
-¡No lo permitiré!- Gritó Delfos.
-¡Ja! ¡Tú no puedes impedirlo! Yo soy superior y tengo poderes- Respondió el dios, con una sonrisa burlona en su rostro.
-Lo único que puede impedir la muerte de miles de inocentes es un agua sanadora que se encuentra en el punto más alto de la montaña Athos- Dijo Apolo.
    Mientras la peste cobraba vida en la población, Delfos pensaba y pensaba en una posible solución. La montaña Athos se encontraba lejos de allí, en un despoblado. Por eso, recurrió a su padre por consejos. Éste  le dijo:
-Hijo mío, todavía hay varias cosas que debes aprender. Un verdadero héroe no requiere de magia ni habilidades especiales, sino de sus cualidades y virtudes que lo llevarán a lograr sus objetivos.
    Impulsado por el consejo de su padre y decidido a luchar por el bien del pueblo, se dirigió al despoblado donde se encontraba la montaña Athos. Debió enfrentarse a varios peligros, como tormentas, animales salvajes, nevadas y fuertes vientos, superándolos exitosamente gracias a su valentía, fortaleza y la ayuda de su espada.
    Regresó victorioso a su ciudad natal y utilizó el agua bendita para curar a las víctimas de la peste. Todos los pobladores le agradecieron y el rey (que también había sido víctima de Apolo) le cedió su trono. Sin embargo, Delfos se negó y se dirigió al lugar donde había encontrado el agua sanadora ya que lo consideraba sagrado. Su intención era construir una ciudad en aquella despoblada zona. Los pobladores, fieles a su salvador, lo acompañaron en su viaje.
    Mientras la ciudad "Delfos" empezaba a crecer, Apolo sufría el castigo impuesto por Zeus por su envidia y codicia.

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